1 de octubre de 2012

Repitencia y abandono en el secundario: El 60% de los chicos que deja o repite, tiene padres que no terminaron el colegio.

Así lo revela un trabajo de Unicef. En nuestra provincia, uno de cada diez alumnos no logra pasar de año. Datos de una problemática que ataca a los sectores más vulnerables

Como si hiciera falta alguna prueba para demostrar que los entornos sociales y familiares influyen directamente en el rendimiento educativo, una investigación reciente realizada por Unicef vino a revelar que el 61% de los adolescentes argentinos con problemas de repitencia y deserción escolar en el secundario proviene de hogares cuyos padres no completaron ese nivel educativo.

El problema de la repitencia y la deserción escolar no es nuevo. Hace poco una ONG reveló cifras que indicaban que en nuestra región el 50% de los que comenzaba el secundario no lograba terminarlo, y en ese línea se suma también un informe presentado hace poco por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) en base a datos del propio Ministerio de Educación de la Nación, según el cual uno de cada diez estudiantes argentinos repite el colegio secundario, un promedio que entra en sintonía con las cifras que se manejan en las aulas de la Provincia, donde casi el 11% de los alumnos que asisten a las 5 mil escuelas que hay en territorio bonaerense -entre públicas y privadas- no logra pasar de año.

En el trabajo presentado por Idesa se detalla que, del total de chicos que empieza el año lectivo en cada uno de los 6 años que conforman la secundaria, en promedio, se puede observar que sólo el 77% pasa de curso, el 13% abandona sin terminar y el 10% repite el curso. “Estas estadísticas -apuntan los hacedores del informe- dejan entrever que menos de un tercio de los chicos que empieza la secundaria la termina en los tiempos que corresponde, el resto se queda de curso por lo menos alguna vez o abandona la escuela y, en la gran mayoría de los casos, estas personas quedan condenadas definitivamente a una vida laboral precaria”.

DESDE EL HOGAR

En lo que hace al trabajo de Unicef, realizado sobre un universo de 1.557 alumnos que fueron reincorporados al sistema escolar luego de que estuvieran más de un año sin asistir, la encuesta indica que el 9% de los padres de este grupo no completó la primaria, el 19% sólo completó este nivel y el 33% no logró egresar de un establecimiento de educación media. Sobre esta cantidad de alumnos, más de la mitad proviene de hogares con más de cinco personas; y el 21% vive en condiciones de hacinamiento.

Los resultados, como se dijo, muestran cómo el contexto familiar y social condiciona las posibilidades de éxito educativo de los chicos. Silvina Arrastía, licenciada en Ciencias de la Educación, sugiere que el problema se vuelve cada día más complejo “porque a la falta de motivación que muestran muchos alumnos, se le suma también la falta de herramientas con la que se encuentran varios docentes a la hora de encarar una clase. En algunos casos se nota que la pasión por enseñar va decayendo, y es ahí cuando el problema se vuelve todavía más complejo. Si no se profundizan contenidos y objetivos, va a ser muy difícil retener a los chicos en el aula”.

Para los propios encargados de realizar la encuesta de Unicef, los datos obtenidos no son más que elementos que “permiten hablar de que se trata de una población con un contexto familiar y socioeconómico muy vulnerable”.

Lo que dicen los expertos se hace ejemplo en historias como la de Sebastián Caretti, un pibe de 18 años que, tras repetir tres veces, ahora cursa en el colegio Vergara de nuestra ciudad con la idea de lograr lo que no pudieron sus padres: terminar el colegio. “Me puse las pilas y quiero progresar -cuenta Sebastián, quien además de estudiar trabaja para ayudar a su familia-. Mi historia siempre fue media complicada y estuve muchos años medio perdido; todo el día en la calle y haciendo cualquiera. Pero la verdad es que me propuse cambiar, y me doy cuenta de que si quiero conseguir algo lo primero que tengo que hacer es ponerme a estudiar”.

Quienes analizan el tema apuntan que, mientras el abandono puede explicarse en múltiples causas, la repitencia es un problema que, si bien no tiene una única razón, encuentra una mayor responsabilidad del sistema educativo

Mientras las cifras impactan a nivel nacional, en territorio bonaerense las autoridades educativas reconocen que tanto la repitencia como el abandono en la secundaria representan un problema que se arrastra desde hace varios años y que es “sumamente complejo”. Hace poco, se dijo, un estudio realizado por la Asociación Civil Proyecto Educar 2050 en base a un informe de la Unesco determinó que en nuestra región el 50% de los jóvenes abandona el secundario. Estos datos no sorprenden a docentes, padres y alumnos consultados por este diario, quienes consideran que detrás de las deserciones del secundario los principales motivos son la desmotivación, la necesidad de trabajar y el embarazo adolescente.

Quienes analizan el tema apuntan que, mientras el abandono puede explicarse en múltiples causas, la repitencia es un problema que, si bien no tiene una única razón, encuentra acaso una mayor responsabilidad del sistema educativo. Que la repitencia siga mostrando cifras alarmantes en todo el país, se indica, es doblemente preocupante porque se trata precisamente de la antesala al abandono. Y lo que más inquieta a los especialistas es que cuando un pibe abandona la escuela cae al vacío, por la simple razón que, a diferencia de lo que ocurría hace treinta o cuarenta años, no hay del otro lado de la escuela un sistema o mercado laboral capaz de contenerlo.

ALGUNAS RAZONES

A la hora de buscar las causas que hacen de la repitencia en la educación media casi un lugar común de los últimos años, la mayoría de quienes intervienen en el sistema educativo coincide en que el problema no se puede reducir a una única causa. Si los chicos se llevan materias porque no estudian, se apunta, se estaría frente a una desvalorización de la escuela media y, por lo tanto, daría lo mismo estudiar que no hacerlo. También son muchos los que destacan la falta de percepción de los jóvenes acerca del trabajo y el esfuerzo cotidiano que implica estudiar.

“Tampoco se puede caer en esa idea colectiva que dice que se estudia únicamente para conseguir trabajo -aporta Arrastía-. Porque ante el problema de la falta de posibilidades laborales con la que se encuentran muchos jóvenes, los propios chicos llegan a la falsa conclusión de que el estudio no sirve para nada. Precisamente por esos preceptos que hace tiempo rigen en la sociedad es que se debe trabajar en la cuestión placentera del estudio”.

Según los expertos, además, la repitencia implica un fuerte incremento en las erogaciones del sistema educativo nacional. De acuerdo al trabajo de Idesa, de hecho, cada año que se repite duplica el costo asociado a la formación del estudiante dado que hay que pagar dos veces por el mismo curso. “Considerando la información global del sistema educativo, se trata de 350 mil estudiantes que repiten cada año los cuales insumen un costo por la repitencia del orden de los 2.200 millones de pesos por año”, precisa ese informe.