Dejar de fumar: Cómo evitar que la recaída se transforme en fracaso.
Como parte de la conmemoración del “Día Mundial sin Tabaco”, compartimos esta nota para motivar a quienes recayeron en el tabaquismo, una patología crónica que necesita del acompañamiento y tratamiento adecuado.
El tabaquismo es reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una enfermedad crónica adictiva. En medicina se llama “enfermedades crónicas” a aquellas de larga duración y, por lo general, de progresión lenta.
El 31 de mayo se celebra el “Día Mundial sin Tabaco”, promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con la intención de generar conciencia acerca de los riesgos del cigarrillo y a la vez de motivar a su cesación.
El tabaquismo, de hecho, es una de las enfermedades crónicas -y causa de muerte evitable- que más afectan a la población mundial, y por ello es importante generar conciencia sobre sus consecuencias, como así también ayudar a las personas a dejar esta adicción en favor de su salud.
“Una dependencia es un trastorno conductual, en el que está disminuido el control sobre el consumo de determinada sustancia; es decir, hay una necesidad y hasta compulsión hacia la toma periódica de esa sustancia. Dicho de otro modo, a la persona se le dificulta controlar su conducta, a pesar de querer dejar de consumir aquello que le genera la adicción”, señala la doctora Raquel Pendito (MP: 12.760), neumonóloga responsable del Programa de Deshabituación Tabáquica de Sanatorio Diquecito.
En este marco, el primer paso que debe dar la persona que quiere dejar de fumar es entender que tal decisión es el inicio de un proceso significativo de cambio, que necesita de una preparación adecuada y de acompañamiento profesional.
Según la especialista, el dejar el cigarrillo es un “proceso de introspección” en el que hay que analizar “por qué nos iniciamos a fumar y qué valor le asignamos al tabaco, como así también cuáles son las situaciones que nos hacen fumar más”. Y, a la vez, esto nos lleva a poner en práctica la “autoeficacia”, encontrando la forma de resolver aquellos momentos difíciles en los que ya no contamos con el cigarrillo como bastón para calmarnos, estimularnos y acompañarnos.
En otras palabras, dejar de fumar no es un mero “trámite”, es un cambio significativo de vida. Implica hasta recuperar la autoestima, y ensayar la propia capacidad de adaptarse y recuperarse frente al malestar que genera la falta de tabaco.
Las etapas del proceso
Debemos saber que sólo un 3 por ciento de los fumadores dejan de fumar sin ayuda, y persisten un año sin volver a consumir tabaco. Entre el 97 por ciento restante las recaídas existen, y son la consecuencia del gran poder adictivo de la nicotina. “No se trata de fallas por parte de quien fuma, ni del terapeuta. Por ello, si bien esto suele llevar a la frustración e incluso a recurrir a soluciones mágicas, es necesario que entendamos que dejar de fumar es un proceso, en el que la recaída es parte del mismo, y que ésta no debería frustrarnos”, explica la doctora Pendito.
Hasta un 45 por ciento de los fumadores se encuentra dentro de lo que se llama fase de precontemplación, en la que no se ha planteado dejar el cigarrillo porque aún no siente que le hará daño. La persona que está en esta fase fuma y se siente bien haciéndolo.
En la fase de planteamiento o contemplación, el fumador se plantea ya, aunque tímidamente, la posibilidad de tener que dejar de fumar porque ya no quiere depender más o reconoce que el tabaco le está generando algún tipo de daño. Hasta un 35 por ciento de fumadores se encuentra en esta etapa.
A continuación viene la fase de preparación para dejar de fumar. En esta etapa es muy común que la persona comience a hacer algunos cambios, tales como reducir la cantidad de cigarrillos. Sólo del 20 al 30 por ciento de los fumadores se encuentra en este punto.
La siguiente es la fase de acción. Esta ocurre cuando la persona ya no sólo se plantea dejar de fumar sino que decide concretamente hacerlo, asumiendo lo que esto implica. Recurriendo incluso a ayuda profesional.
Posteriormente viene la llamada fase de consolidación o mantenimiento, que es en la que se encuentran aquellos fumadores que llevan más de seis meses de abstinencia. Luego de 12 meses de abstinencia se considera que un sujeto es ex fumador.
La recaída que, como decíamos es más común de lo que pensamos, suele presentarse cuando pensamos que hemos controlado la situación y nos sentimos seguros de manejar al tabaco. Genera frustración, pérdida de la confianza y temor a no lograrlo nunca, y no se supera evitando el primer cigarrillo, sino el segundo.
La importancia del apoyo externo
Existe una cuestión social que condiciona la decisión de dejar de fumar y que tiene que ver con observar a un tercero que dejó de fumar y subió de peso, lo cual suele ser una excusa para no dejar el cigarrillo; esto sucede especialmente en las mujeres. Otras causas que dificultan la abstinencia son el estar en compañía de fumadores poco colaboradores, sentirse ansioso, beber alcohol, tener una discusión y sentirse aburrido, entre otras.
Las razones por las cuales habitualmente se recae suelen estar relacionadas a circunstancias negativas presiones laborales, y situaciones de estrés en general, depresión etc.
“Ante la falta de nicotina la irritabilidad, la escasa tolerancia y hasta el llanto, son síntomas desagradables que puede atravesar la persona, pero son transitorios y pueden ser atenuados con la medicación apropiada. Debemos entender que estos síntomas son parte de la etapa de adaptación de vivir sin el cigarrillo. Todo esto suele alterar al entorno familiar, social y laboral, y hace necesaria la colaboración de un profesional a la que es bueno anticiparse y solicitarla”, advierte la doctora Pendito.
Para evitar la recaída, la especialista recomienda:
– No exponerse a situaciones de riesgo, al menos inicialmente.
– Buscar actividades nuevas, no sólo la actividad física sino otras que le resulten gratificantes.
– Si se le hiciera duro pensar en no fumar más, decir “sólo por hoy no fumo”.
– También es bueno diferenciar un desliz o tropezón de una recaída
Si ya hubiese recaído, debería poner en práctica aquello de que “hasta de los errores se aprende”. No dejar que el temor le paralice, recurrir nuevamente por apoyo profesional y pensar que la suma de la perseverancia y la motivación serán, junto al tratamiento adecuado, la clave de éxito.

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