18 de junio de 2012

Dos semanas decisivas que pueden marcar el rumbo.

Daniel Scioli se tomó un breve período de descanso que lo volverá a depositar de lleno el jueves en la actividad oficial. Pero armó las valijas sin que todavía tuviera señales claras de la Nación de que contará con los recursos que le faltan para pagar en término el sueldo de este mes y el aguinaldo a los empleados del Estado.

Aquél supuesto compromiso por el que la Casa Rosada aportará poco menos de 3.000 millones de pesos para poder cancelar la obligación salarial alumbrado en el polémico debate por el revalúo de los campos, aún sigue en veremos. Y en el tiempo de descuento para el cobro de los sueldos de cerca de 500 mil agentes públicos, la preocupación es ya indisimulable en los despachos oficiales. Más aún luego de que una discreta gestión a mitad de semana ensayada por la ministra de Economía Silvina Batakis tampoco llegara a buen puerto.

Por eso es que se vienen dos semanas clave, las que restan para que comience el cronograma de pagos que tendría fecha de arranque el lunes 2 de julio. Y lo serán en todo sentido, porque un retaceo de esos fondos no sólo implicará un posible pago desdoblado de salarios o la postergación del aguinaldo: en términos políticos implicaría la configuración mucho más acabada de un escenario de confrontación entre Scioli y el kirchnerismo.

“De cómo se termine de pagar los sueldos dependerá cómo sigue la historia”, se admite en la Gobernación, donde los diseños de planes alternativos a seguir, ya sea en sintonía o desde la vereda de enfrente de la Casa Rosada, son motivo de largas tertulias. El “ya nada será igual” que soltó un alto funcionario provincial en uno de esos encuentros, marcaría la decisión de Scioli de profundizar el trabajo de ir sumando voluntades dentro del peronismo en busca de insuflar volumen político a su declarada aspiración presidencial que, quizás, tenga la necesidad de explicitarse con anticipación en las legislativas de 2013.

Los encuentros con Hugo Moyano y Luis Barrionuevo, las charlas con Roberto Lavagna y los acercamientos con otras figuras del peronismo no K, van encaminadas en esa dirección.

Con el Gobernador ya lanzado como candidato a la sucesión, en los laboratorios oficiales se le suman ingredientes a una posible salida no confrontativa con la Rosada en 2013. Compartir la lista de diputados es una de las variantes y hasta se aceptaría el nombre de Alicia Kirchner como cabeza de esa nómina. Pero el sciolismo se planta con la idea de contar con al menos 5 lugares apetecibles en esa nómina y anota a varios ministros: Alberto Pérez, Alejandro Arlía, Cristian Breitenstein y Cristina Alvarez Rodríguez. A ellos habría que sumar al ex recaudador Santiago Montoya.

Si el acuerdo no prospera, existen alternativas en danza, todas diseñadas desde un escenario de confrontación con la Casa Rosada. Pero en este aspecto hay que detenerse en un nombre que puede transformarse en actor clave en la disputa legislativa: Sergio Massa. El intendente de Tigre mide bien y tiene un alto índice de conocimiento. Y su posible decisión de ser candidato a diputado nacional como paso previo a dar la pelea por la Gobernación, es un elemento que obliga a cambiar hipótesis y escenarios en el oficialismo.

“Si acordamos con él, debería encabezar la lista de diputados nacionales”, dicen en la Gobernación, donde también se evalúa el escenario inverso: que Massa pudiera ir de candidato por la lista oficial con el sello K. Si bien es una alternativa que buena parte del peronismo juzga poco probable -recuerdan que el tigrense anota varios enemigos declarados en la cúspide del poder-, en ese caso el sciolismo estaría dispuesto a dar la pelea con Karina Rabollini, la esposa del Gobernador.

Pero todas esas proyecciones tienen la urgencia de la inmediatez si finalmente se dispara la crisis con el universo K. No resultó casual que en las últimas horas reverdeciera la versión de la vuelta de Martín Ferré, el ministro de Desarrollo Social, a la Cámara de Diputados.

“Será más temprano que tarde”, aventuran en no pocos despachos oficiales. Sumar voluntades en la Cámara baja es otra de las estrategias del sciolismo que no se contentaría con sólo eso.

Todas las miradas confluyen allí en José Ottavis, ahora excomulgado por La Cámpora. Sólo para recordar, ocupa la estratégica vicepresidencia que en diciembre el sciolismo buscó ocupar con Ferré.

Por JOSÉ PICÓN