25 de enero de 2012

De una herramienta a una forma de relacionarse socialmente:

Una nueva investigación enciende un alerta sobre los efectos de los teléfonos inteligentes cuando se tornan parte de nuestras vidas.

Aunque se supone que fueron creados para hacernos la vida más fácil, los teléfonos inteligentes terminan muchas veces poblándola de tensiones que antes no existían. Tras analizar sus efectos entre quienes los usan de manera habitual, un equipo de investigadores de la Universidad de Worcester, Inglaterra, descubrió que estos aparatos capaces de brindarnos múltiples aplicaciones de internet suelen convertirse una fuente de ansiedad y estrés.

En un estudio que fue presentado durante la última reunión de la Sociedad Británica de Psicología, los investigadores de Worcester establecieron un vínculo directo entre el uso indiscriminado de los “smartphones” y altos niveles de estrés. La relación resultó especialmente notable entre las personas que los utilizaban como un forma de relacionarse socialmente más que como una herramienta de trabajo.

“Los smartphones pueden ayudarnos a resolver distintos aspectos de nuestras vidas, pero la cuestión es que mientras más los usamos, más dependientes nos volvemos, y en realidad aumentamos el estrés en lugar de aliviarlo”, afirma el doctor Richard Balding, principal responsable del estudio.

PRUEBAS Y ENCUESTA

Para comprobar la relación entre el uso de teléfonos inteligentes y estrés, Balding y su equipo realizaron pruebas psicométricas a más de cien usuarios de distintas edades y niveles sociales, entre los que había estudiantes, comerciantes y empleados públicos. Todos ellos debieron completar además una encuesta sobre cómo usaban sus teléfonos celulares.

De esa forma, los investigadores observaron que si bien muchos de los usuarios habían adquirido smartphones para resolver mejor ciertos compromisos laborales, con el correr del tiempo terminaron utilizándolos más para cuestiones de tipo personal, en su mayoría vinculadas con redes sociales como Facebook o Twiter.

“A medida que la compulsión crece y aumenta el nivel de estrés, los usuarios tienden a chequear sus teléfonos cada vez más seguido, creando así un ciclo negativo en el cual algunos llegan incluso percibir alertas (como timbres y vibraciones del teléfono) que en realidad no existen”, explica el investigador.