“Baradero Suena: Crónicas del Rock Local”-Buffer.
SOCIEDAD- CRÓNICAS - CULTURA Y MÚSICA
RADIO LS2 BARADERO – 2025 -Una producción por Jazmín Abdala
Hay momentos en los que el tiempo se detiene y el destino te obliga a elegir una identidad a punta de pistola. Imaginen la escena: Baradero, septiembre de 1997. Tres hermanos criados entre libros de poesía y guitarras de folklore sienten que el pecho les va a estallar. Tienen las canciones, tienen la rabia y tienen la urgencia, pero les falta lo que les da existencia legal en el mundo del ruido: un nombre. En el Centro Cultural, antes de dar sus primeros pasos, la mirada se clava en un bafle, en esa caja negra que escupe el sonido que los hace sentir vivos. Leen la palabra técnica: Bufer. Suena seco, suena fuerte. Deciden apropiárselo, pero con un sello de identidad local: le clavan una segunda “f” para que no quepa duda de que ese amortiguador es argentino, es de acá, es de ellos. Para cuando llega el segundo concierto, apenas unos días después, la apuesta sube a niveles demenciales: 3000 personas rugiendo en un escenario masivo. Allí, Buffer dejó de ser una palabra en un parlante para convertirse en una entidad física, una descarga de adrenalina que marcó a fuego el inicio de una de las historias más persistentes de nuestra República del Rock.
Me encuentro con Papón Beyer para desandar estos casi treinta años de trayectoria. Hablar con él es entrar en una frecuencia de radio donde la pasión nunca satura, sino que modula con la sabiduría de quien ha visto pasar modas, crisis y primaveras. Buffer es, ante todo, una cuestión de sangre y hermandad: Papón Beyer en la voz, Franco Beyer en guitarra, y Pelcha Beyer en el bajo. A este núcleo se suman Fity Bruno en la batería y Matías Urrizola en guitarras y arreglos, acompañados ocasionalmente por Agustín Formica en teclados. Pero el ADN de esta banda no empezó en un ensayo, sino en una mesa familiar.
—Venimos de una familia de artistas —me cuenta Papón con orgullo—. Mi vieja es escritora, mi viejo es folklorista. Siempre apostamos a la creación de cosas nuevas. Buffer nació de esa necesidad visceral de mostrar canciones, de decir que estamos acá, vivos, y de gritar fuerte que creemos en un cambio social conservando los valores: la honestidad, el amor y la pasión por lo que uno hace. Entendieron temprano que la única forma de sobrevivir a la chatura del mundo era creando algo nuevo.
Esa necesidad de gritar se convirtió en un motor que nunca se detuvo. Desde aquel 21 de septiembre del 97, la banda ha vivido con un pie en las calles de su querido Baradero y el otro en la ruta. Para Buffer, el rock no es un hobby de fin de semana; es una forma de vida que exige una entrega total. Han recorrido provincias, ciudades y pueblos, entendiendo que la vigencia no se pide, se gana con kilómetros.
—No hay una pócima exacta para mantenerse a flote —reflexiona Papón—. Se trata de tener claro el proyecto y aceptar nuevos desafíos. Eso es lo que te alimenta y te da nuevas formas de ver la vida. Estar todo el tiempo girando es lo que nos mantiene despiertos.
Al sumergirme en su historia, siento la evolución de su sonido como quien ve crecer a un hermano. En los inicios, Buffer era ese punk rock barrial, crudo y directo, influenciado por los Ramones, Sex Pistols y 2 Minutos. Con el tiempo, esa “rabia” inicial no desapareció, pero se pulió. Hoy, la banda suena con una sofisticación que solo dan los años de estudio y escenario. Las canciones han ganado en frescura y potencia, pero sobre todo en profundidad lírica. Franco Beyer suele ser el encargado de traer la chispa inicial, las letras y el sonido base, que luego el grupo termina de “cocinar” colectivamente, poniendo cada uno su impronta antes de pasar por el tamiz del productor.
Pero, ¿de qué hablan las canciones de Buffer cuando la distorsión se apaga? Hablan de nosotros. De lo que nos atraviesa como humanos: el amor a los vínculos, la familia, los amigos, pero también las frustraciones y los cambios culturales. Papón me dice algo que me queda resonando: “Nuestras canciones pueden ayudar como un libro de autoayuda”. Y tiene razón. En un mundo que a veces parece una pared infranqueable, Buffer propone correr las piedras a través del arte.
Hay un tema que hoy funciona como su estandarte más personal: “Cuando pase la tormenta”. Grabado en la soledad y el miedo de junio de 2020, en plena pandemia, la canción se convirtió en un resumen emocional de lo que nos pasó a todos. Fue una catarsis grabada en tiempo real, un abrazo sónico para cuando el mundo se volvió un lugar extraño y peligroso. Es, quizás, el momento donde el significado de su nombre cobró más sentido que nunca: ser el buffer, el amortiguador del golpe de la realidad.
Ser independiente en Argentina, y más aún cuando no se vive cien por ciento de la música, es un ejercicio de fe. El mayor desafío, según los Beyer, es la perseverancia. No parar de girar, no dejar de sacar videos, no abandonar el estudio de grabación. Es un movimiento perpetuo que cansa pero que, al mismo tiempo, sana.
—El valor de la banda primero es para uno y después para el resto —dice Papón—. Hacer feliz a una persona o a tres mil está buenísimo, pero pasa por el valor interno que vos le des a lo que hacés. A veces parece que solo se valora al que llena estadios o tiene un sello gigante, pero el verdadero valor es lo que querés transmitir. Si al otro le llega y le sirve para salir adelante, la misión está cumplida.
La charla nos lleva a los rituales. En medio del caos de las giras, donde a veces llegan sobre la hora para conectar los instrumentos y tocar, siempre intentan preservar un momento sagrado: el abrazo fraternal antes de subir al escenario. Es un gesto de gratitud a la vida por permitirles seguir haciendo lo que aman después de casi tres décadas. Papón, además, guarda su propia oración personal, un espacio de silencio antes de soltar la voz frente a la multitud.
El 2026 los encuentra con la agenda cargada de nombres de ciudades: Concepción del Uruguay, Zárate, Capital Federal y ese cierre de año tradicional en Baradero, su puerto seguro. Están trabajando en cosas nuevas, con la mirada puesta más allá de las fronteras, siempre con la misma honestidad que tenían cuando miraron aquel bafle en el 97.
Para los jóvenes que están armando su primera banda en un garage de Baradero, Papón deja un mensaje que es, en realidad, el secreto de la longevidad de Buffer: —Hagan las cosas por amor. Háganlo ustedes mismos, con empatía y dando lo mejor. Van a sentir la felicidad de hacer felices a otros. De eso se trata el arte. Así que, ¡adelante!
Me despido de Papón con la sensación de que Buffer es mucho más que una banda de punk rock. Son los cronistas de nuestra propia superación. Son la prueba de que se puede crecer sin perder la frescura, de que se puede madurar sin traicionar la rabia, y de que, mientras haya un abrazo de hermanos antes de un show, la tormenta siempre terminará pasando. Subí el volumen, sentí la potencia de la doble “f” y recordá que, en esta República del Rock, Buffer es el paragolpes que nos cuida el corazón.
Buffer: Radiografía de la Banda
- Alineación: Papón Beyer: Voz.Fity Bruno: Batería. Matías Urrizola: Guitarras y arreglos.Pelcha Beyer: Bajo.Franco Beyer: Guitarra. (Acompaña ocasionalmente Agustín Formica en teclados).
- Fecha de nacimiento: 21 de septiembre de 1997.

