13 de enero de 2026

“Baradero Suena: Crónicas del Rock Local”-Pali Ground Reggae Music.

SOCIEDAD- CRÓNICAS - CULTURA Y MÚSICA

RADIO LS2 BARADERO – 2025 -Una producción por Jazmín Abdala


Hay una cadencia que no se aprende en los libros, sino que se respira en el aire denso de las orillas del río. Es una síncopa que te obliga a bajar los hombros, a soltar la mandíbula y a dejar que el pulso del corazón se sincronice con el de la tierra. En Baradero, esa frecuencia tiene un nombre propio: Pali Arlia. Hablar de Pali Ground y los amigos del reggae es hablar de un hombre que lleva treinta años descifrando el idioma de Kingston para traducirlo al lunfardo de nuestras calles. Pero no es solo música; es una cuestión de arraigo. El nombre mismo lo dice: Ground. Tierra. El suelo que pisamos, el barro que nos ensucia las zapatillas y el mismo polvo del que venimos y al que vamos. Pali ha construido un refugio sonoro donde el reggae no es una moda de verano, sino un manifiesto de resistencia que se gestó en el silencio más crudo que nos tocó vivir: la pandemia.

Cierro los ojos y puedo sentir el ambiente donde nace este proyecto. Imaginen el encierro del 2021. Mientras el mundo afuera era pura incertidumbre, adentro de una habitación, un padre y un hijo empezaron a conversar sin decirse palabras. Pali, con los dedos gastados de tanto recorrer teclas en el conservatorio y en los escenarios de La Plata y Baradero, y Vicente, su hijo, empuñando el bajo con la frescura de quien hereda una corona sin pedirla. Pali Ground nació ahí, en esa intimidad de sangre. La idea original era sencilla en los papeles pero compleja en el alma: juntar a los mejores colegas de la ciudad, amantes del género, para darle vida a esas letras que Pali venía macerando. Letras que hablan de la unidad, del respeto y, sobre todo, de “La Misión”: cuidar este ambiente que nos sostiene.

La formación actual es un seleccionado de voluntades que vibran en la misma nota. Al bajo de Vicente se le suma la batería de Víctor Zabala, ese latido constante que maneja el swing con una naturalidad envidiable. Lucho Carraro le pone el color con la percusión, y cuando entran los “caños” —el saxo tenor del Flaco Puchi y el saxo alto del Mono Hermo—, la atmósfera cambia. El aire se vuelve sofisticado, casi cercano al jazz, pero con ese “mulete” rítmico del piano y la guitarra que te recuerda que, aunque estemos en otra sintonía, esto sigue siendo rock de pura cepa.

—Nosotros sentimos al rock como género propio —me dice Pali con la calma de quien ya no tiene nada que demostrar—. Somos rockeros pero en otra frecuencia. Toqué reggae toda la vida. Fuimos pioneros acá con Quemando y Saqueando, pasamos por mil mutaciones, pero la esencia es la misma: gritar conciencia desde el ritmo.

Esa trayectoria de tres décadas se siente en la seriedad con la que abordan cada arreglo. No se trata de tocar “lindo”, se trata de que el bajo tenga presencia, de que las armonías estén laboradas y de que el mensaje no se pierda entre la distorsión. Pali recuerda sus años en el conservatorio, sus viajes en 2004 desde La Plata cuando todavía el reggae en Baradero era una rareza exótica. Hoy, verlo arriba del escenario con Vicente es ver el círculo cerrarse. Pali trae la semilla —la letra y la melodía inicial— y es su hijo quien le pone los cimientos con el bajo. Es una construcción comunitaria que se termina de pulir con los vientos, dándole ese respiro, ese aire necesario para que la canción vuele.

Pero no todo es paz y amor en el mundo del reggae independiente. Hay una crudeza en la charla que no podemos ignorar. Pali es tajante: el arte en Argentina está subestimado, golpeado por una falta de valoración que duele. Mantener una banda numerosa, sustentarse en el tiempo y no bajar los brazos es la verdadera proeza de estos músicos.

—El mayor desafío es mantenerse juntos —reflexiona—. Mientras la llama esté encendida, va a haber música. Pero para eso hace falta disciplina. Yo les digo a los que empiezan: agarra el instrumento todos los días. Aunque sean veinte minutos. No lo cuelgues nunca, aunque todos te subestimen. El instrumento es el que te salva.

Al escuchar sus últimos singles en Spotify, “Conectados” y “Volver a creer”, uno entiende por qué Pali Ground es una banda necesaria en nuestra República del Rock. Son canciones que funcionan como un cable a tierra en medio del caos del algoritmo y el sonido procesado. Son canciones que huelen a Bob Marley y Peter Tosh, pero que tienen el ADN de Charly, de los Redondos y de Sumo. Es ese reggae nacional que aprendió a llorar y a reír en nuestro propio idioma.

Me despido con “La Misión” sonando de fondo. Una canción emblemática que nos recuerda que somos parte de algo más grande. Pali Ground no es solo una banda de Baradero; es el testimonio de un hombre que decidió que su tierra, su ground, iba a sonar a conciencia y a libertad. Subí el volumen, dejá que el bajo te acomode las ideas y recordá que, a veces, para encontrar la verdad, no hay que mirar hacia arriba, sino prestarle el oído a lo que nace acá nomás, bien pegadito al suelo.


Pali Ground: Radiografía de la Banda

  • Alineación: Pali Arlia: Teclado y voz principal. Vicente Arlia: Bajo. Víctor Zabala: Batería. El Flaco Puchi: Saxo tenor. El Mono Hermo (Germán Alejandro Hermo): Saxo alto. Lucho Carraro: Percusión.
  • Fecha de nacimiento: Año 2021 (Gestada en pandemia).

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *