“Baradero Suena: Crónicas del Rock Local”-Al7er.
SOCIEDAD- CRÓNICAS - CULTURA Y MÚSICA
RADIO LS2 BARADERO – 2025 -Una producción por Jazmín Abdala
Hay lugares que tienen un magnetismo invisible, espacios donde el aire parece vibrar en una frecuencia distinta, cargado de una electricidad que no se ve pero se siente en la nuca. En Baradero, ese lugar tiene nombre de río y de música: Delta Music Group. No es solo un estudio de grabación; es un laboratorio de transmutaciones. Imaginen la escena: finales de 2019, el olor a madera nueva de los paneles acústicos, el brillo metálico de los micrófonos esperando ser encendidos y, en medio de ese silencio expectante, cuatro personas que están a punto de cambiar su historia personal para siempre. Allí, entre cables y consolas, el plomo de las experiencias pasadas empezó a cocinarse a fuego lento para transformarse en algo nuevo, algo que no aceptaba etiquetas fáciles ni fórmulas repetidas. Ese algo se escribe con mayúsculas y lleva un número que rompe la simetría: AL7ER. No es solo una banda; es el resultado de una alquimia emocional que entiende que el rock no es un género que se elige, sino un lenguaje que se hereda, se pule y, finalmente, se grita.
La historia de AL7ER no comienza con un aviso clasificado buscando músicos, sino en la sangre. Leonardo “Leo” Sassone y Luciano “Luchi” Acuña son primos, pero en el mundo de la música, esa palabra se queda corta. Son socios de silencio y de ruido casi desde que tienen memoria. Han compartido proyectos, fracasos y pequeños triunfos desde que las guitarras les quedaban grandes. A esa célula inicial se sumó Mauro Bahuón en 2009, aportando la tercera arista a un triángulo que ya sabía lo que era resistir el paso del tiempo. Sin embargo, en 2017, tras el cierre de una etapa anterior, sintieron que el aire se estaba estancando. Necesitaban una “nueva cara”, una identidad que no solo sonara diferente, sino que fuera la opción alternativa a todo lo que ya habían hecho. Pero a toda reacción química le falta un componente para volverse explosiva.
El destino, que suele ser el mejor guionista del rock, los cruzó con Aldo Parellón en un festival. Aldo, un baterista y productor llegado desde Tucumán con el ritmo en las manos y la visión de quien sabe construir mundos desde el sonido, fue el catalizador. Leo, Luchi y Mauro no anduvieron con vueltas: lo abordaron con la urgencia de quienes han encontrado la pieza que faltaba en el rompecabezas. “Tenemos estas canciones, tenemos este proyecto y queremos que vos seas el motor”. Aldo, que en principio iba a ser un sesionista, un colaborador externo, terminó siendo absorbido por la mística del grupo. Así, apenas unas semanas antes de que el estudio Delta inaugurara oficialmente, los AL7ER ya estaban ocupando las salas, marcando el territorio con “Paranoico”, su primer rugido grabado. Aquel fue el punto de quiebre: el momento en que dejaron de ser un proyecto para convertirse en una identidad estilizada, donde la “T” se transformó en un “7”, simbolizando una unión que iba más allá de lo musical.
—El nombre viene de lo “alternativo”, pero en su significado más puro —me explican mientras nos sumergimos en la filosofía de la banda—. No hablamos de un estante en una disquería, sino de ser algo diferente a la norma, algo que se sale de lo establecido. AL7ER es una receta que solo funciona con estos cuatro ingredientes. Es una alquimia que no respeta fórmulas externas, solo la nuestra.
Escuchar a AL7ER es asistir a un proceso de construcción y deconstrucción constante. Leo es el encargado de traer la semilla: una letra escrita en una noche de insomnio, una melodía que le silba el viento de Baradero, una idea que pide ser canción. Pero cuando esa semilla cae en la sala de ensayo, la metamorfosis es total. Lo que entra como una balada acústica y vulnerable puede salir convertido en un Hard Rock pesado, filoso y vibrante. Es un juego de “vestir” la canción, de probarle ropajes de diferentes sonoridades hasta que, de repente, sucede lo inexplicable: suena a AL7ER.
—Ni nosotros mismos lo entendemos del todo —confiesa Leo con una sonrisa que mezcla el asombro y la complicidad—. Pero disfrutamos ese proceso como si fuéramos chicos. Esa actitud de aprender y jugar es lo que nos mantiene vivos. Si dejás de jugar, la música se vuelve un trámite, y nosotros no estamos acá para hacer trámites.
Esa honestidad brutal es la que buscan transmitir en sus letras. No hay en AL7ER una épica falsa de estadios y luces led; hay una catarsis que nace de la herida. Sus canciones hablan de estar roto, del desamor, de la lucha diaria por superarse a uno mismo. Es un rock que no te miente: te dice que la vida duele, pero que poner el cuerpo sobre el escenario es la mejor forma de que ese dolor se convierta en algo hermoso. Es una descarga colectiva donde el público no es un espectador pasivo, sino un cómplice que también necesita gritar sus propias verdades. Se inspiran en la prolijidad técnica de Toto, en la grandilocuencia emocional de Muse o Coldplay, y en la energía cruda de Foo Fighters, pero todo eso se tamiza por el filtro de la vivencia local. Baradero, con sus paisajes de río y su ritmo de ciudad de provincia, le da un color especial a su sonido: un tono honesto, real y, sobre todo, soberano.
Pero AL7ER no es solo sentimiento; es una maquinaria de trabajo que hoy, en pleno amanecer del 2026, está operando a máxima potencia. Tienen objetivos que para muchos sonarían ambiciosos, pero para ellos son simplemente el siguiente paso lógico. Se han propuesto lanzar una canción por mes, cubriendo digitalmente cada rincón de la red. Tienen la mirada puesta en el pasillo de la Ruta 9, uniendo Rosario con Capital Federal, llevando su sonido a templos del rock como Carnal en Palermo y cerrando jornadas en los estudios de televisión nacionales. El 31 de enero de 2026 ya está marcado en rojo en su calendario: ese día, entrarán al legendario estudio Romaphonic para una Live Session que promete capturar la esencia de la banda en su estado más puro. Y si el horizonte se ve despejado, planean cerrar el año con una gira por países limítrofes. Es la mentalidad de quien sabe que la autogestión no es solo peguntar carteles, sino profesionalizar cada detalle de la pasión.
—El rock en Argentina es pasional, tenemos el mejor pogo del mundo, eso no se discute —reflexionan—. El desafío es lo económico, el valor que se le da al artista independiente. Por eso hay que ser autosustentables, saber qué conocimientos incorporar y cuándo buscar ayuda externa.
Al final de la charla, les pido un consejo para los que están del otro lado, para esos pibes que hoy están en su habitación sacando sus primeros acordes y sintiendo que el mundo de la música es una montaña inalcanzable. La respuesta de AL7ER es un golpe de realidad y de aliento al mismo tiempo.
—Estudien horas y horas. Anímense a sacar su música, pero tengan claro por qué y para qué lo hacen. La frustración va a estar ahí, es parte del juego, pero con o sin ganas, hay que hacer igual. Nunca te vas a arrepentir de haber estudiado o de haber compuesto, pero sí te vas a recriminar el tiempo perdido mirando una pantalla sin sentido. La música es acción constante.
Me retiro de Delta Music Group con el sonido de “Paranoico” vibrando en mis oídos y la sensación de haber hablado con gente que entiende el tiempo de una manera diferente. AL7ER no espera el futuro: lo construye nota a nota, ensayo tras ensayo. En una ciudad que a veces parece dormir la siesta, ellos son el despertador de distorsión y verdad. Son la prueba de que, incluso cuando estamos rotos, podemos ser la alternativa a nuestro propio destino.
Subí el volumen y dejate llevar por la alquimia de estos cuatro obreros de la melodía. La República del Rock hoy tiene un nuevo estándar de honestidad, y se escribe con un 7 en el medio del corazón.
AL7ER: Radiografía de la Banda:
- Alineación: Leonardo “Leo” Sassone: Voz y Guitarra. Luciano “Luchi” Acuña: Bajo. Mauro Bahuón: Guitarra. Aldo Parellón: Batería.
- Fecha de nacimiento: 2017 (Gestación) / 2019 (Consolidación final).

